lunes, 9 de agosto de 2010

Cabeza de Framontanos-Cabeza de Framontanos/Cabeza de Framontanos-Cabeza de Framontanos

01/08/10
-Recorrido: Cabeza de Framontanos-Cabeza de Framontanos

-Km: 45,98

-Tiempo: 01:48:47

-Vel. media: 25,2

-Vel. máxima: 44,00


Segunda ruta en bici de carretera, pero la primera con José, otro ciclista del pueblo que le da pero bien a la bici. El día antes, Manolo, un primo de mi padre, había estado bromeando conmigo sobre la salida de este día. A las 9:00 salimos del pueblo por la carretera en dirección Trabanca. Hacía calor pese a ser tan pronto. Al poco tiempo, me llamó mi padre al móvil. "¿Por dónde vais". "Por la carretera de Trabanca". "¿Hasta dónde". Como yo no lo sabía, tuve que sprintar hasta Jose, con el móvil en la boca, porque, mientras hablaba, él seguía a 24 km/h mientras que yo había tenido que bajar a 15. Me dijo que por esta carretera hasta los 18 kilómetros. "Vale". Fue todo lo que me dijo. ¿Para qué quería saberlo? Más adelante lo sabréis. Seguimos para adelante y Jose me preguntó que qué quería mi padre. Le dije que estaba en la Presa de Almendra. "Pues podíamos haber ido con él", fue lo que me dijo. Seguimos tranquilos. Al poco rato, vimos a un señor a lo lejos con una bici de carretera que nos iba haciendo señas. ¿Habría pinchado y querría que le ayudáramos?¿Se querría venir con nostros? Lo reconocimos enseguida: era mi padre. Pero... ¿qué hacía allí si yo estaba en el pueblo y él en Zamora?. Nos paramos, se dio la vuelta y se vino con nosotros. Había dejado el coche en Bermillo de Sayago y, para prepara la Carlos Sastre (que, por cierto, fue ayer), se quería hacer 120 kilómetros. Ni mi madre, ni mi hermano, ni mi abuela ni yo lo sabíamos. Fuimos hablando los tres, sin apenas coches. Luego, ya en Trabanca, José siguió hasta hacerse 60 kilómetros y nosotros nos fuimos en dirección al pueblo. LLegamos, mi padre cogió agua y se marchó a Zamora, sin decirle nada a mi hermano para que no se pusiera pesado.
Una marcha maja.

04/08/10

-Recorrido: Cabeza de Framontanos-Trabanca-Ahigal de Villarino-Robledo-Trabanca

-Km: 39,79

-Tiempo: 1:38:30

-Vel. media: 23.4

-Vel. máxima: 23,4


Una ruta algo especial. El miércoles por la mañana, al igual que el domingo, salimos a las 9:00 de la mañana el pueblo, en dirección Trabanca, para, más tarde, ir a Ahigal, Robledo y Trabanca. ¿Por qué no he puesto Cabeza de Framontanos después? Por un incidente desafortunado. Esta ruta fue más lenta (no mucho más) que la del domingo. En las bajadas, eso sí, Jose se marchaba, pero, con mi peso ligero (y la Orbea Láser, que eso también hace) luego, podía cogerlo en las subidas, por lo que quedábamos igualados. Tuvimos algún pitido de los coches por ir en paralelo, pero no les hacíamos caso; solo una vez José tuvo que meterse al arcén, delante de mí. Mientras volvíamos a Trabanca nos daba el aire casi de cara, y le dije a José una frase que mi padre dice mucho copiada de Pedro Delgado: "En la bici todo da por culo menos el aire". Cuando llegamos a Trabanca, José me dijo: "Ahora, Alejandro, y sin que sirva de precente, vamos a llevarle la cotraria a tu padre y a Perico: te va a dar el aire de culo". Pero de poco me sirvió porque, a los dos kilómetros, me empezó a sonar la bici. Pensé que iba mal cambiado y toqué un poco la palanca de cambio del cuadro. Seguía sonando. Me paré y miré la rueda de atrás: estaba bien. Lo malo fue que miré la de adelante y estaba pinchada. Llamé a mi padre para que llamara a casa de mi abuela y le dijera que iba a tardar porque había pinchado. Fuí caminando un kilómetro hasta que apareció otro ciclista de carretera (con una Colnago ) que había estado en la Quebrantahuesos este año. Me ayudó a arreglar el pinchazo. Mientras lo hacíamos, me llamó mi padre, que no se había enterado del pinchazo. "¿Qué tal, Alejandro?". Me dijo. "Bien, aquí ando con un ciclista arreglando un pinchazo".
Estuvimos un rato hablando de la Quebrantahuesos y, como anécodota, os puedo contar que lo confundí con Eduardo Chozas. Según venía, yo pensaba: "¿Y qué hace Eduardo aquí?". Vosotros tranquilos, que no era él. Después, fuí muy tranquilo hasta el pueblo. Al día siguiente, la cubierta tenía un bollo... Pero eso es otra historia.

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